El instante que escapa
Carta (1944?) a las jóvenes del Tercer Orden
La carta, no fechada, remonta sin duda al principio de la aventura de Chiara para subrayar el amor concreto al hermano: en efecto, la primera respuesta a Dios descubierto como Amor, fue la de socorrer a los pobres de Trento.
Aunque Chiara todavía no habla de unidad, el acento está puesto sobre la ayuda recíproca y el horizonte se extiende hasta la fraternidad universal.
¡Hermanas mías!
San Francisco, el Santo del fuego y de los hechos, desde lo alto de los Cielos, donde vive beato y ansioso para cumplir hasta al final de los siglos la Obra que Dios le confío, nos mira a nosotras, juventudes ardientes de vida agitada con la esperanza de un Santo.¡Escuchad un corazón hermano! Romped cada dique, cada sombra, cada dificultad, cada angosto pensamiento y mirad el Cielo que nos espera y el premio del que gozaremos por un tiempo sin confines. ¡Demasiado poco recordamos el Paraíso!
¡A nosotras, jóvenes ardientes, no apegadas todavía a las cosas de aquí abajo!
¡A nosotras, juventudes activas, la tarea de llevar sobre la tierra el Cielo y la tierra al Cielo! ¡Ángeles terrenales y hombres celestiales!
¡Contemplad la meta, que alcanzaremos dentro de poco, ¡sol con Dios!
Cada uno de nosotros se encontrará delante de Él para rendir cuentas de lo que habrá recogido de incorruptible y eterno.
El tiempo es un relámpago y en nuestras manos es sólo el instante que escapa.
¡Enraizadlo en Dios y cumplid, pasando, obras para el Cielo!
Mirémonos alrededor: somos todos hermanos: ¡nadie excluido!
Bajo los particulares rasgos de cada uno, reconocemos el Cristo, que tiene que crecer en nosotros: Cristo Crucifijo y Desamparado bajo las pobres miserias humanas y pecaminosas.
Pero confiad: ¡Él ha vencido al mundo!
Conozcámonos como nos conoce Dios, no para condenarnos y desesperar, pero para tener Misericordia los unos de los otros, y ayudarnos.
¡Amémonos! Un día nos encontraremos todas unidas allá arriba, para toda la Eternidad, si aquí abajo habremos tenido el valor de amarnos sin excusas.
Unidas por un mismo Ideal: la fraternidad universal en un solo Padre, Dios, que está en los Cielos.
Obremos: ¡sean la verdad y las obras nuestro amor!
«¡Hijos míos, no amemos con la lengua o con las palabras, sino con las obras y en la verdad!» .
¿Por qué tememos decir a todos que aquí abajo se pasa y allá arriba nos quedaremos para siempre?
¿Por qué no iluminar a los hermanos ciegos, si nosotros somos y tenemos la Luz?
¡Amemos con la verdad,
Amemos con las obras!
Hijos del Altísimo, hemos nacido y crecido en la misericordia de Dios. Somos como nuestro único Padre, «viventi misericordie» y actuamos las obras de misericordia.
¡Cuántos hermanos pasan cada día a nuestro lado a lo largo de la vida! En cada uno Cristo, que quiere nacer, crecer, vivir, resucitar, nos pide ayuda, consuelo, consejo y admonición, luz, pan, alojamiento, vestidos, oraciones…
Vivimos el momento presente y en el presente la obra de misericordia que Dios nos pide.
Solo así caminamos hacia el Paraíso.
Sor. Chiara
del libro: Chiara Lubich, "Lettere dei primi tempi", Città Nuova editorial 2010.

