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Yo soy la puerta Imprimir Correo electrónico

Abril de 1999

Comentario a la Palabra de Vida:

"Yo soy la puerta: El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento" (Jn 10,9).

Para los que escuchaban a Jesús la imagen de la puerta era familiar, tanto por el sueño de Jacob1, como por la Jerusalén de las puertas antiguas que Dios ama de modo particular.

Pero son las palabras del Salmo 118, 20. “Es ésta la puerta del Señor, por ella entran los justos", las que Jesús hace suyas, dándoles una nueva plenitud y significado. El es la puerta de la salvación, que introduce a las praderas donde los bienes divinos se ofrecen libremente. El es el único mediador y, por medio suyo, los hombres tienen acceso al Padre. “El es la puerta del Padre - dice Ignacio de Antioquía- a través de la cual entran Abraham e Isaac, Jacob, los profetas, los apóstoles y la Iglesia

Yo soy la puerta....

Sí, la imagen de la puerta debía llegar particularmente al corazón de los judíos que, al trasponer la de la Ciudad Santa y la del Templo, tenían la sensación de la unidad y de la paz, mientras los profetas hacían soñar en una Jerusalén nueva de puertas abiertas a todas las naciones.

Jesús se presenta así como aquel que realiza las promesas divinas, y las expectativas de un pueblo cuya historia está marcada en su totalidad por la alianza, nunca desmentida, con su Dios

La idea de la puerta se asemeja y se explica bien con la otra imagen usada por Jesús: “Yo soy el camino, ninguno va al Padre si no es por mí”. Por lo tanto, él es verdaderamente un camino y una puerta abierta al Padre, al mismo Dios.

Yo soy la puerta....

¿Qué significa concretamente en nuestra vida esta Palabra?

Son muchas las implicaciones que se deducen de otros pasajes del Evangelio que tienen que ver con esta frase trasmitida por Juan, pero entre tantas elegimos la de la “puerta estrecha” a través de la cual hay que esforzarse por pasar para entrar en la vida.

¿Por qué la elegimos? Porque nos parece que es la que más se acerca a la verdad que Jesús dice de sí mismo y más nos aclara cómo vivirla.

¿Cuándo se vuelve él una puerta abierta de par en par sobre la Trinidad? Allí donde parece que para él se cerrara la puerta del Cielo él se transforma en la puerta del Cielo para todos nosotros.

Jesús, en su abandono en la cruz, es la puerta a través de la cual se da el intercambio perfecto entre Dios y la humanidad: hecho nada, une los hijos al Padre. Es ese vacío (el umbral de la puerta) por el cual el hombre entra en contacto con Dios y Dios con el hombre.

Por lo tanto, él es la puerta estrecha y, al mismo tiempo, la puerta abierta de par en par, y de esto podemos tener experiencia.

Yo soy la puerta....

Jesús abandonado se hizo, por y para nosotros, acceso al Padre.

Su parte ya está hecha. Pero para sacar provecho de tanta gracia cada uno de nosotros tiene que hacer también su pequeña parte, que consiste en acercarse a esa puerta y atravesarla. ¿Cómo?

Cuando nos sorprende la desilusión o nos hiere un trauma, o una desgracia imprevista, o una enfermedad absurda, podemos siempre recordar el dolor de Jesús que asumió personalmente estas pruebas y otras miles.

Sí, él está presente en todo lo que sabe a dolor. Cada uno de nuestros dolores es un nombre suyo

Hagamos la prueba, entonces, de reconocer a Jesús en todas las angustias, en los callejones sin salida, en todas las oscuridades, las tragedias personales y de los demás, en los sufrimientos de la humanidad que nos rodea. Son él, porque él las ha hecho suyas. Bastará decirle, con fe: “Eres tú, Señor, mi único bien”, bastará hacer algo concreto para aliviar “sus” sufrimientos en los pobres y en los que no son felices, para atravesar la puerta y encontrar del otro lado una alegría nunca probada, una nueva plenitud de vida

transcripción
Sábado 30 de Enero de 2010 11:00